“LAS ROSAS ERAN DE OTRO MODO”
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- Monserrat
- mayo 23, 2022
- Te invito a leer

Por José Luis Mecatl Morales
(2001)
JOSÉ JOAQUÍN BLANCO
(Ciudad de México, 1951)
Poseedor de diversas facetas, dramaturgo, ensayista, narrador, poeta y cronista, José Joaquín Blanco nos entrega en “Las rosas eran de otro modo” diez relatos con temáticas diversas en donde el hilo conductor es el recuerdo.
Narrados en primera persona, en “El juramentado”, nos presenta a un grupo de amigos quienes a la distancia rememoran sus tiempos de juerga y parranda, en los que cometían todo tipo de tropelías, sin embargo, el futuro ya los alcanzó y ahora son hombres maduros, esposos, padres de familia, hasta abuelos; por más que se esfuerzan, los tiempos de la bohemia han quedado atrás, dando paso al desencanto y la nostalgia; pero todavía queda Alex, la esperanza del grupo, a quien entre todos consideran al verdadero bohemio y en quien todavía cifran sus esperanzas de ver renacer lejanas inquietudes juveniles.
En “Recuerdos de Veracruz”, narra desde la perspectiva de un veracruzano la manera en que son visualizados los turistas, en este caso en particular tres chilangos que acuden al puerto jarocho con el afán de pasársela bien y conseguir algún amorío con alguno de los jovencitos que usualmente contactan en las playas, bares o “discotheques”; las cosas no necesariamente se van dando como ellos quisieran, pero los personajes y sus experiencias quedarán presentes en el registro anecdótico de los lugareños.
Después de cuarenta años de haber salido de su pueblo, una pobrísima localidad en Zacatecas, un hombre que ha vivido todo este tiempo en la Ciudad de México, se ve obligado a volver, debido a que el gobierno está construyendo una carretera y justo pasará por donde está ubicado el panteón; “La prima Trini”, con quien jugaba a ser novios cuando niños y de quien no había vuelto a saber, logra contactarlo para advertirle que es necesario trasladar los restos de la familia hacia el nuevo panteón; el reencuentro con su pueblo natal y con quienes se quedaron haciéndose viejos ahí lo enfrenta con una realidad que no esperaba.
En “Indito de ojos azules”, el relato más breve pero quizá el más impactante, nos habla de la historia de una mujer indígena, de cabello cano, trabajadora en labores domésticas en la zona de Polanco, quien inusitadamente se presenta en una de las casas en las que trabaja con un hijo güerito de ojos azules, despertando suspicacias y recelo ante la posibilidad de que se trate de un niño robado o alguna otra historia turbia de ese tenor; el epílogo de la historia es realmente inesperado.
Otros seis textos completan el volumen que esta vez traemos a colación, entre ellos el que da nombre a la obra, todos ellos narrados a manera de rescates de la memoria de quien, de una forma amena, casi coloquial, nos presenta un conjunto de personajes y sus anécdotas, que ya se han ido, pero cuyos contextos, para bien o para mal, siguen presentes en nuestros días.
¡Te invito a leer!
José Luis Mecatl Morales
22 de mayo, de 2022
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